15/2/13

Señor, un día cayó agua sobre esta frente
que hoy lleva el sello de la ceniza.

Era el agua bautismal que no se ha secado aún,
pero que se ha llenado de lodo y fango.

El camino polvoriento me manchó,
y me mancharon los otros que conmigo caminaban.

Vengo ante ti, Señor:
reconozco que no cumplí tu voluntad,
pero, Señor, tú sigues siendo mi Dios
y, con mi fragilidad a cuestas,
no dejo de marchar hacia ti,
hasta que tu mano acaricie mi frente
y reciba el beso de bienvenida que me prometes.